Evidencias de que la evolución también ha pasado por tu cuerpo. Nunca dejamos de adaptarnos

Probablemente tengas los ojos de tu padre y la sonrisa de tu mamá… y las orejas de un gato.

El mundo entero es así porque ha pasado por miles de años que lo llevaron a ser lo que es hoy. Nuestro cuerpo también lleva varios siglos pasando por un proceso de evolución similar que, aún hoy, no pasa desapercibido. Es que tenemos una serie de órganos que, aunque ya no requerimos, están ahí recordándonos de dónde venimos.

Una entretenida prueba para saber si tienes uno de ellos, es poner tu mano con la palma hacia arriba y unir tu meñique a tu pulgar.